“No tiene precio mi Dios. Nadie puede comprarle. Ni el dinero ni la santidad. Mi Dios se recibe gratis. Como las plantas reciben el sol. Nadie se lo merece, Puedo llamarlo, puedo gritarle mi sed y mi hambre de El, Puedo golpear a su puerta, puedo llorarle mi pena y mi soledad, Pero no tengo derechos sobre mi Dios. Mi Dios es un puro regalo. Es el Don de mi vida. Es el quien debe amarme primero. Solo el puede abrirme la puerta, Pero mi Dios no es avaro, no es tacaño. Mi Dios se da en abundancia, como el sol y como aire. Mi Dios brota al borde de todas las cuentas de mi vida. Mi Dios florece cada instante para todos. Pero mi Dios quiere ser recibido como regalo. Mi Dios se negaría solo a quien quisiera ponerle precio. Es difícil mi Dios, mi Dios gratis, para el hombre moderno. Es difícil mi Dios para quien sueña comprarlo todo; que desea las cosas en propiedad; que desprecia lo que no tiene precio; que mide los objetos y las personas por el puñado de oro que le cuestan; que ama mas lo que es mas caro.
Pero mi Dios no cambia, porque es el Amor, y el Amor solo puede darse; el amor no se vende. Un Amor que solo exigirá una respuesta de amor, también gratis.
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